miércoles, 4 de febrero de 2015

Oraciones del papa Francisco





La Iglesia en oración

por la vida consagrada


¡Ven, Espíritu Creador, con tu multiforme gracia
ilumina, vivifica y santifica a tu Iglesia!

Unida en alabanza te da gracias
por el don de la Vida Consagrada, otorgado y confirmado
en la novedad de los carismas a lo largo de los siglos.
Guiados por tu luz y arraigados en el bautismo,
hombres y mujeres, atentos a tus signos en la historia,
han enriquecido la Iglesia,
viviendo el Evangelio mediante el seguimiento de Cristo
casto y pobre, obediente, orante y misionero.

¡Ven Espíritu Santo, amor eterno del Padre y del Hijo!

Te pedimos que renueves
la fidelidad de los consagrados.
Vivan la primacía de Dios en las vicisitudes humanas,
la comunión y el servicio entre las gentes,
la santidad en el espíritu de las bienaventuranzas.

¡Ven, Espíritu Paráclito, fortaleza y consolación de tu pueblo!

Infunde en ellos la bienaventuranza de los pobres
para que caminen por la vía del Reino.
Dales un corazón capaz de consolar
para secar las lágrimas de los últimos.
Enséñales la fuerza de la mansedumbre
para que resplandezca en ellos el Señorío de Cristo.
Enciende en ellos la profecía evangélica
para abrir sendas de solidaridad
y saciar la sed de justicia.
Derrama en sus corazones tu misericordia
para que sean ministros de perdón y de ternura.
Revístelos de tu paz
para que puedan narrar, en las encrucijadas del mundo,
la bienaventuranza de los hijos de Dios.
Fortalece sus corazones en las adversidades
y en las tribulaciones,
se alegren en la esperanza del Reino futuro.
Asocia a la victoria del Cordero a los que por Cristo
y por el Evangelio están marcados con el sello del martirio.

Que la Iglesia, en estos hijos e hijas suyos,
pueda reconocer la pureza del Evangelio
y el gozo del anuncio que salva.

Que María, Virgen hecha Iglesia,
la primera discípula y misionera
nos acompañe en este camino.
Amén.


Oración de los consagrados
y consagradas

Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob,
Padre de nuestro Señor Jesucristo y Padre nuestro,
acoge la oración que te presentamos.
Mira con bondad nuestros deseos
y ayúdanos a vivir con pasión el don de la vocación.

Tú, Padre,
que en tu proyecto gratuito de amor
nos llamas, en la estabilidad o en la itinerancia,
a buscar tu rostro en el Espíritu,
haz que seamos memoria tuya:
sea fuente de vida en la soledad y en la fraternidad,
y podamos ser, en nuestro tiempo,
reflejo de tu amor.

Cristo, Hijo de Dios vivo,
que caminabas por nuestras calles
casto, pobre y obediente,
compañero nuestro en el silencio y en la escucha,
mantén en nosotros la pertenencia filial
como fuente de amor.
Haz que vivamos el Evangelio del encuentro:
ayúdanos a humanizar la tierra y a crear fraternidad,
llevando las fatigas de quien está cansado
y no busca más,
la alegría de quien espera, de quien busca,
de quien custodia signos de esperanza.

Espíritu Santo, Fuego que ardes,
ilumina nuestro camino en la Iglesia y en el mundo.
Danos el coraje del anuncio del Evangelio
y la alegría del servicio en la cotidianidad de los días.
Abre nuestro espíritu a la contemplación de la belleza.
Custodia en nosotros la gratitud
y la admiración por la creación,
haz que reconozcamos las maravillas
que tú realizas en todo viviente.

María, Madre del Verbo,
vela sobre nuestra vida de hombres y mujeres consagrados,
para que la alegría que recibimos de la Palabra
llene nuestra existencia, y tu invitación
a hacer lo que el Maestro dice (cf. Jn 2, 5)
nos encuentre activos intérpretes en el anuncio del Reino.
Amén.